Desgraciadamente volvió Rumblem. Y digo desgraciadamente porque el HdP se mandó uno de los mejores (sino el mejor) post en la breve existencia de nuestro blog. Y esto nos hace quedar mal acá. Bueno, yo lo racionalizo. El gil no tiene que preocuparse por mantener el blog y hace como seis meses que lo prepara.....
"Estimados lectores de Disertaciones, en la profunda alegría que me produce volver a comunicarme con ustedes, quiero agradecer a todo el cuerpo editorial por mantener viva la llama de la discusión y permitir ‘que todos seamos Disertaciones’…
En esta ocasión quiero explayarme sobre algunas ideas que manejo desde hace un par de meses. Es así como intente ligar dos cuestiones que son de mi interés y agrado: se trata de la asociación de bebidas alcohólicas con regímenes políticos, más precisamente, lo último es una miscelánea de países/regiones, tiempos históricos y sistemas político-económicos. Cierto es que nada de lo expuesto es una verdad absoluta, sino sólo una aproximación a la realidad desde las ideas vespertinas de vacaciones santiagueñas.
El vodka… su intrínseca relación con el comunismo genera que no se pueda decir mucho más. Pero quien habla de globalización, también habla de globalización del vodka, al punto que ha perdido su esencia. La aberrante combinación con bebidas energizantes convierte a nuestra espirituosa bebida en algo que, más que un líquido de neto sabor comunista, se asemeja a algo propio de la centroizquierda francesa. Incluso la derecha y centroderecha hacen gala de este trago. Los partidos comunistas extremos deberían reivindicar al vodka.
El brandy ha de ser una bebida poco conocida en estas latitudes del mundo, incluso en estos años. Su asociación nos lleva al imperialismo inglés desde el siglo XV al XIX, perdurando aún su consumo en las aristocracias que se regodean de haber sido los dueños del mundo en algún momento. Similar suerte corre el whisky, relacionado con una elite de fuerte poder económico que propugna por un capitalismo salvaje; las décadas del ‘50 en adelante, que señala el historiador Eric Howsbawm como la “edad de oro del capitalismo”, se condice con su consumo en los señores de cigarros caros que debatían con los altos políticos los destinos económicos de sus… bolsillos.
El vino. Asociado a ricas comidas como carnes y pastas: son las consolidadas democracias del norte y centro de Europa. Pero… qué bueno que siempre hay un “pero”... si el vino es en damajuana el régimen político es el populismo en su versión latinoamericana (éste envase se encuentra en proceso de extinción, por lo cual su variante es el tetra brick).
¿Y el champagne? Es neoliberal, señores!! La reminiscencia menemista es inevitable. El champagne es el Consenso de Washington. El champagne es la privatización de las empresas públicas. El champagne es el FMI. Y no sólo eso, sino que a veces el champagne está encubierto, quiere mentirnos, disfrazarse, engañarnos: los vinos espumantes, ¡¡también son champagne!!
La sidra (también su variante “ananá fizz”), sin duda que representa a las débiles democracias de América Latina de los años ‘80, que remaban tratando de superar la crisis de la deuda externa, la inflación y los fantasmas de las dictaduras. ¡Qué Dios bendiga a la lucha de la sidra!
El ron, lamentablemente, no sólo es sol, playa y mojito cubano: es la encarnación misma de los autoritarismos centroamericanos de todo el siglo XX, en particular durante las décadas del ‘60 y ’70. El ron es la marca visible del clamor de un pueblo que nació para ser libre. Hondureños, guatemaltecos, cubanos, costarricenses… ¡todos ellos son libertad!... Y subiendo por el continente, la democracia bipartidista yanki se corporeiza en el Martini (que, aunque represente un trago, podemos materializarlo en la marca comercial que lleva el nombre). “Batido pero no revuelto”, para James Bond. Sus variantes son el Cinzano e incluso el Gancia: baratas copias del subdesarrollo, como Rata Blanca de Iron Maiden.
Pensé mucho en la bebida alcohólica del nazismo. Sin embargo, y aquí agradezco una hábil colaboración, me convencí que Hitler tomaba Terma. Seguramente el cuyano o con limón; el serrano, jamás.
Para ser fiel a nuestra tierra, nobleza obliga, no hay que olvidarse de nuestro amigo fernet. Y decir fernet, es decir Branca. Y su asociación es con el imperio delasotista que gobierna nuestra querida Córdoba desde fines de la década neoliberal hasta nuestros días.
¿La cerveza? La cerveza es anarquismo…"
RUMBLEN
En esta ocasión quiero explayarme sobre algunas ideas que manejo desde hace un par de meses. Es así como intente ligar dos cuestiones que son de mi interés y agrado: se trata de la asociación de bebidas alcohólicas con regímenes políticos, más precisamente, lo último es una miscelánea de países/regiones, tiempos históricos y sistemas político-económicos. Cierto es que nada de lo expuesto es una verdad absoluta, sino sólo una aproximación a la realidad desde las ideas vespertinas de vacaciones santiagueñas.
El vodka… su intrínseca relación con el comunismo genera que no se pueda decir mucho más. Pero quien habla de globalización, también habla de globalización del vodka, al punto que ha perdido su esencia. La aberrante combinación con bebidas energizantes convierte a nuestra espirituosa bebida en algo que, más que un líquido de neto sabor comunista, se asemeja a algo propio de la centroizquierda francesa. Incluso la derecha y centroderecha hacen gala de este trago. Los partidos comunistas extremos deberían reivindicar al vodka.
El brandy ha de ser una bebida poco conocida en estas latitudes del mundo, incluso en estos años. Su asociación nos lleva al imperialismo inglés desde el siglo XV al XIX, perdurando aún su consumo en las aristocracias que se regodean de haber sido los dueños del mundo en algún momento. Similar suerte corre el whisky, relacionado con una elite de fuerte poder económico que propugna por un capitalismo salvaje; las décadas del ‘50 en adelante, que señala el historiador Eric Howsbawm como la “edad de oro del capitalismo”, se condice con su consumo en los señores de cigarros caros que debatían con los altos políticos los destinos económicos de sus… bolsillos.
El vino. Asociado a ricas comidas como carnes y pastas: son las consolidadas democracias del norte y centro de Europa. Pero… qué bueno que siempre hay un “pero”... si el vino es en damajuana el régimen político es el populismo en su versión latinoamericana (éste envase se encuentra en proceso de extinción, por lo cual su variante es el tetra brick).
¿Y el champagne? Es neoliberal, señores!! La reminiscencia menemista es inevitable. El champagne es el Consenso de Washington. El champagne es la privatización de las empresas públicas. El champagne es el FMI. Y no sólo eso, sino que a veces el champagne está encubierto, quiere mentirnos, disfrazarse, engañarnos: los vinos espumantes, ¡¡también son champagne!!
La sidra (también su variante “ananá fizz”), sin duda que representa a las débiles democracias de América Latina de los años ‘80, que remaban tratando de superar la crisis de la deuda externa, la inflación y los fantasmas de las dictaduras. ¡Qué Dios bendiga a la lucha de la sidra!
El ron, lamentablemente, no sólo es sol, playa y mojito cubano: es la encarnación misma de los autoritarismos centroamericanos de todo el siglo XX, en particular durante las décadas del ‘60 y ’70. El ron es la marca visible del clamor de un pueblo que nació para ser libre. Hondureños, guatemaltecos, cubanos, costarricenses… ¡todos ellos son libertad!... Y subiendo por el continente, la democracia bipartidista yanki se corporeiza en el Martini (que, aunque represente un trago, podemos materializarlo en la marca comercial que lleva el nombre). “Batido pero no revuelto”, para James Bond. Sus variantes son el Cinzano e incluso el Gancia: baratas copias del subdesarrollo, como Rata Blanca de Iron Maiden.
Pensé mucho en la bebida alcohólica del nazismo. Sin embargo, y aquí agradezco una hábil colaboración, me convencí que Hitler tomaba Terma. Seguramente el cuyano o con limón; el serrano, jamás.
Para ser fiel a nuestra tierra, nobleza obliga, no hay que olvidarse de nuestro amigo fernet. Y decir fernet, es decir Branca. Y su asociación es con el imperio delasotista que gobierna nuestra querida Córdoba desde fines de la década neoliberal hasta nuestros días.
¿La cerveza? La cerveza es anarquismo…"
RUMBLEN
1 comentario:
pregunto yo?? que bebia el maldito galtieri , mientras mandaba al muere a un monton de casiniños argentinos, sabesss tu?? bueno el post pero podria haber sido mejor rumblen que pasa contigo!!!!
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