miércoles, 26 de noviembre de 2008

De las falacias de los críticos de cine

Si hay alguna casta que ha sido castigada y vilipendiada es la del crítico de cine. Se les ha golpeado una y otra vez, y yo estoy a punto de hacerlo de nuevo. Como dice la célebre frase: "algo habrán hecho". Voy a hablar sobre las falacias que encuentro al leer las valoraciones que hacen de las distintas películas y que como la herramienta retórica que son, su falsedad no disminuye su capacidad para convencer.Sin más preámbulo:

  1. “Todo tiempo pasado fue mejor”: Consiste en sostener que existen filmes que, si bien fueron hechos por directores de carne y hueso, han trascendido su condición de celuloide (a la manera del héroe que se transforma en dios olímpico gracias a sus hazañas) para convertirse en una especie de piedra filosofal, no sólo por tener la capacidad de transformar en oro el día del ser al que toquen, sino sobre todo porque el método por el que han sido fabricadas se ha perdido en los avatares de la historia. Y creo que esto es peligroso porque implica que Casablanca y el Padrino (por ejemplo) NO PUEDEN SER SUPERADAS, nada de lo que se haga en estas épocas de barbarie efectista puede acercársele ni por asomo a aquellas joyas (que no discuto que lo sean). Sin duda esa idealización del pasado guiada por la nostalgia es la culpable de que ahora se diga que las películas de acción de Vandam y Sigal de los 80 no eran tan malas. ¡Me lleva a la cachetada!
  2. “Hollywood es el diablo”: cierta numerología indica que Hollywood es el monstruo de 7 cabezas y diez cuernos (o era al revés?) del que habla el Apocalipsis, pues sus números son 666. Pero la principal prueba son los efectos especiales, destinados a robar el alma de los jóvenes, corromper sus pensamientos y (sobre todo) empequeñecer sus cerebros. No creo que porque una película tenga sus millones arriba DEBA ser mala. Puede o no ser una bazofia (Transformers ES una bazofia, por ejemplo), pero eso se determina después y depende del uso que se le dé a los FX. Tampoco creo que el cine independiente sea la panacea. Es cierto que de él provienen ideas originales y propuestas innovadoras, pero suele ser feísta y hasta en ocasiones grotesco.
  3. “Mientras menos se entienda, mejor”: es decir, mayor confusión equivale a mayor calidad. Es la falacia que llevó a muchos críticos alabar Mulholland Drive del polemiquísimo Señor Lynch. En este momento el crítico promedio me tacharía de ignorante porque a él se le ocurren mil y una explicaciones posibles (a mi también), pero que sentido tiene esto si las explicaciones nunca llegan a abarcar la totalidad de la obra sin fisuras (o no lo hacen sin especular en el mas absoluto vacío) y en ocasiones se contradicen unas otras. En alguna ocasión leí de un estudioso de Dante que las lecturas que se habían hecho a partir del iluminismo de La Divina Comedia, andaban generalmente desencaminadas por ignorar el contexto profundamente católico en el que había sido escrita. No se me malentienda, me gustan las películas que necesitan un poco (o mucha, no hay problema) exégesis, pero no los compendios de disparates entronizados mediante hercúleas racionalizaciones de fanáticos de la confusión y el misticismo. Las buenas películas tienen un discurrir coherente, y si bien pueden ser crípticas a gusto y permitir múltiples lecturas (pero a la manera de capas de cebolla y no “un esto o lo otro”), deben “mostrar todas sus cartas” en algún momento.
  4. “Si el final es Yekspiriano…”: y no sólo el final, una buena película tiene sufrimiento, mucho dolor y sufrimiento. Si no se suceden escenas cada vez más depresivas, el film es para las masas, está destinado al vulgo, y no merece la consideración de LA ACADEMIA. Bastan dos ejemplos de películas muy infladas hace unos años: Million Dollar Baby y Crash. Si bien son muy buenas películas, están bastante sobrevaloradas, y no puedo evitar la sensación de que es por lo repletas de “emociones humanas” (léase tormento interminable) que se muestran.
  5. “El ocaso de los ídolos”: o como criticar cine con el martillo. Se trata de “la nueva película del director X no es ni de lejos tan buena como la clásica Y, y de hecho es bastante pedorra”. Estoy pensando en el pobre de Shyalaman. La Dama en el Agua fue una película muy peculiar (a mi me fascinó) y no me sorprendió ver que fuera tan incomprendida, la crítica la vapuleo sin misericordia. Pero el colmo fue “The Happening”, la que con sus errores (sobre todo de casting) y todo, era una buena película, pero me dio la impresión que esta vez nadie hizo el más mínimo esfuerzo por comprenderla, y que la visita al cine fue un mero trámite para sacarle el cuero. Pero claro, nos encanta echar en cara a la gente sus errores, más bien es un deber, entonces si alguien no los tiene, ¡hay que inventarlos! No estoy proponiendo la perfección (ni martirio) de Shyalaman, sólo lo utilizo como ejemplo de cómo se busca crucificar a un director que “ya no es lo que era”.

    Sin ser una lista exhaustiva, me parece que abarca las principales falacias que he percibido. Vale aclarar que el espectador ocasional promedio también tiene sus falacias, pero estas son mas burdas: “La película está buenísima porque tiene mucha violencia/sangre/explosiones/chicas semidesnudas con autos supertuneados que van a 30.000 km. por hora” o bien “Es un embole porque hablan mucho/no se entiende/no está Ben Stiller haciendo muecas para indicarnos que tenemos que reirnos”.
    En fin, como decía mi tía abuela: “¿Che le va chaché?”

sábado, 22 de noviembre de 2008

La “infranqueable” barrera al entendimiento del arte abstracto o como desperdiciar crayones.

Comencé a preguntarme sobre la aparente dificultad que se evidencia en el hombre posmoderno en relación al arte abstracto. Cuál es la verdadera limitación; por qué lo que a algunos individuos les parece una “obra maestra” a otros, sencillamente, una porquería?. Se debe acaso a una limitación en cuanto al entrenamiento académico? O es el resultado de la corrosión postmoderna?
Es innegable la marca que la tecnología y la imagen han dejado en la humanidad de hoy. ­­­­­­­­­­El ser humano en estos tiempos enmascara una incapacidad para apreciar el arte. Pareciera sufrir una especie de agobio de imágenes, sobrecargado o invadido por la tecnología, lo que se traduce en una aparente dificultad para distinguir una reproducción de una obra de arte.
Hombre light, incapaz de ver o comprender lo complejo. Estéril de recursos sensibles, inconmovible y banal, solo aguarda a que los medios calientes continúen con la difusión de información en "alta definición", sirviéndole las respuestas y los significados en bandeja de plata, sin necesidad de procesar, solo absorber, “confortablemente adormecidos”. Es cierto que las masas tienen la oportunidad de acceder a una reproducción, una copia u simulación de arte, pero no cuentan con lo necesario para entender una verdadera obra.
Sin embargo, la limitación del entendimiento no solo yace en la falta de cultura o en el confortable estancamiento de la humanidad, sino que también es intrínseco al propio arte, oculto y latente en su mismidad y origen, "naciéndolo" y a la vez "muriéndolo" (Galiano) en el mismo acto, para el común de la gente.
En los periodos precedentes de la humanidad los criterios para definir el arte eran concretos y claros. Un artista era un artesano y era juzgado por su intelecto e imaginación. El arte antiguo era notado y distinguido de lo que no lo era por los criterios de la escuela (Taller de Arte) y era posible discriminar lo que era virtuoso, llamativo, interesante, amado u odiado. De ello se desprende que el lenguaje o código utilizado para comprender lo que se “lee” en una obra era entendido por todos, manejado por el vulgo (en mayor o menor medida) y letrados, por lo que el mensaje, que comunicaba el artesano, llegaba a buen puerto.
Hoy, si bien se pueden distinguir criterios sobre los cuales juzgar qué es una obra excelsa y qué una baratija, la “barrera” a la que me refiero tiene lugar en parte porque el arte abstracto ha cambiado el código.
Su discurso es encriptado, elitista y me atrevo a decir sectario. Su mensaje no es tal (de hecho, se esfuerza por no serlo), dificultando la posible construcción de significado, (si es que cabria alguna), dejando solo ruido en la comunicación. Pero a la vez es inherente a su fin, es decir, no imita ni representa directamente la realidad exterior (la niega), esto sucede tanto si el artista reniega de la inspiración en la realidad como si el tema se plantea como indescifrable. Es el rechazo a lo anecdótico o a cualquier significado que no fuera el de la pintura misma. Es una reacción al lenguaje artístico conocido. Estos son los mismos principios que lo fundan, y como ya dije, lo condenan al descalificatorio rechazo del común de la gente.
Se puede decir que entonces, al hombre actual, no le queda nada, nada mas que lo insignificable, lo intraducible, solo la muy real sensación de que aquello que se le presenta, no es arte. No hay código en común, no hay entendimiento. Por ende, se obtiene como resultado que el trabajo de un artista sea indistinguible de los garabatos de cualquiera.

viernes, 14 de noviembre de 2008

El objetivismo en las series de investigación "americanas"

Todos conocen a alguno de aquellos afamados investigadores europeos como Sherlock Holmes, Hercules Poirot o Auguste Dupin que armados solo con su poderoso (o cuasi omnisciente) intelecto, eran capaces de resolver cualquier misterio. Sin embargo, los crímenes difíciles de resolver han cruzado el charco en este nuevo milenio, y la razón sola ya no puede resolver los crímenes como lo hacían aquellos inspectores modernos (en el más amplio sentido de la palabra).
La razón de ninguna forma es omnipotente, pero hay algo que si lo es: la tecnología. Estoy pensando en series como CSI, Bones o NCIS (pero sobre todo la primera), en las que maquinas de tropecientos millones de dólares y una pizca de astucia son todo lo que se necesita para conocer LA VERDAD. Así, la génesis que para Derrida es imposible de reconstruir, se vuelve accesible. “Hay que dejar hablar a la evidencia”, espiritismo posmoderno, necromantes computarizados, que son capaces de convertir una serie de objetos cotidianos en una historia con principio, nudo y desenlace. Parafraseando a Einstein ellos dirían que “la evidencia no se crea ni se destruye, solo se transforma”.
Mi critica no es solo hacia esta fe desmedida en la tecnología (que tampoco puede eludir su herencia modernista), sino la misma idea de que un suceso ocurrido fue en si mismo VERDADERO, independientemente de cualquier otra cosa y que puede ser posteriormente reensamblado y observado a gusto, sin por ello sufrir corrupción ni macula de ningún tipo.
En los poquísimos casos en que estos superinvestigadores-cyborgs cometen errores, estos se deben a que alguno de ellos no fue lo suficientemente suspicaz, no se recolectaron suficientes evidencias o porque estas fueron alteradas por el factor humano, pero jamás se cuestiona el principio de que el conocimiento absoluto es posible de ser alcanzado por medios técnicos.
Física, electrónica y química de punta son plato de todos los días para los gringos, pero sistemas complejos, teoría del caos y construccionismo… “güa iu tolkin abaut?”.Y no creo que se deba solamente a aquel ideal del superhéroe infalible que encarna todos los valores americanos (¿alguien dijo Superman?) como la justicia, el honor y por sobre todo la superioridad yankie frente a cualquier otra nación y/o etnia. Creo que la principal razón que subyace a este absolutismo es la necesidad de mantener pilares inmutables como son los Derechos Humanos, la Constitución y el maniqueísmo (esta vez lo escuché…alguien dijo “eje del mal”) que son los que sostienen al fin y al cabo a esta sociedad (y según el Tío Sam, a todo el mundo).

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Manifiesto Magistral

Si hay algo que me choca, son los blogs. Se publican opiniones, se discuten personas o gustos y se busca crear un clima aséptico e inodoro.
Con las opiniones no se crece: "cada opinión es tan válida como su contraria", "cada uno puede opinar como quiera", y la mejor, "no opinararás igual que yo, pero tenés que respetar mi opinión". Las opiniones no se refutan ni confirman, son mónodas, islas, ideas que se estancan y mueren en su autocomplacencia. Estoy mas interesado en discutir, en criticar (ambas en el sentido mas pacífico y constructivo posible) lo que en mi experiencia, resulta mucho mas provechoso.
Hablar sobre personas es aburrido, y como el clima, es un tema que no se agota, pero tampoco llega a ningún lado: "¿cual es tu deporte favorito?", "¿cuantas parejas has tenido?", temas intrasendentes, hablar por hablar, pero no comunicación. El fútbol y las parejas son temas interesantes, discutamos sobre ellos, pero no sobre lo que gusta o no, sobre lo que hice o no hice, sobre si conozco a alquién que tiene o no tiene.
El relativismo redunda en pluralismo (o al revés?) y la máxima absoluta es "prohibido prohibir", entonces es impresindible no pensar distinto, o si este es el caso, no manifestarlo, "no vaya a ser que hablando de política o religión se pueda ofender alguién", "no vaya a ser que lo que me dijeron pueda hacerme reflexionar y cambie mi posición que tan cómoda me resulta". El respeto, el verdadero respeto va de la mano con la humildad para saber que mi postura no es mejor que la de otro sólo por ser mía.
No escribo para nadie, este blog puede ser productivo o no, popular o solitario, pero ojalá que pueda ayudar a alguien, por lo menos a mí.