Si hay alguna casta que ha sido castigada y vilipendiada es la del crítico de cine. Se les ha golpeado una y otra vez, y yo estoy a punto de hacerlo de nuevo. Como dice la célebre frase: "algo habrán hecho". Voy a hablar sobre las falacias que encuentro al leer las valoraciones que hacen de las distintas películas y que como la herramienta retórica que son, su falsedad no disminuye su capacidad para convencer.Sin más preámbulo:
- “Todo tiempo pasado fue mejor”: Consiste en sostener que existen filmes que, si bien fueron hechos por directores de carne y hueso, han trascendido su condición de celuloide (a la manera del héroe que se transforma en dios olímpico gracias a sus hazañas) para convertirse en una especie de piedra filosofal, no sólo por tener la capacidad de transformar en oro el día del ser al que toquen, sino sobre todo porque el método por el que han sido fabricadas se ha perdido en los avatares de la historia. Y creo que esto es peligroso porque implica que Casablanca y el Padrino (por ejemplo) NO PUEDEN SER SUPERADAS, nada de lo que se haga en estas épocas de barbarie efectista puede acercársele ni por asomo a aquellas joyas (que no discuto que lo sean). Sin duda esa idealización del pasado guiada por la nostalgia es la culpable de que ahora se diga que las películas de acción de Vandam y Sigal de los 80 no eran tan malas. ¡Me lleva a la cachetada!
- “Hollywood es el diablo”: cierta numerología indica que Hollywood es el monstruo de 7 cabezas y diez cuernos (o era al revés?) del que habla el Apocalipsis, pues sus números son 666. Pero la principal prueba son los efectos especiales, destinados a robar el alma de los jóvenes, corromper sus pensamientos y (sobre todo) empequeñecer sus cerebros. No creo que porque una película tenga sus millones arriba DEBA ser mala. Puede o no ser una bazofia (Transformers ES una bazofia, por ejemplo), pero eso se determina después y depende del uso que se le dé a los FX. Tampoco creo que el cine independiente sea la panacea. Es cierto que de él provienen ideas originales y propuestas innovadoras, pero suele ser feísta y hasta en ocasiones grotesco.
- “Mientras menos se entienda, mejor”: es decir, mayor confusión equivale a mayor calidad. Es la falacia que llevó a muchos críticos alabar Mulholland Drive del polemiquísimo Señor Lynch. En este momento el crítico promedio me tacharía de ignorante porque a él se le ocurren mil y una explicaciones posibles (a mi también), pero que sentido tiene esto si las explicaciones nunca llegan a abarcar la totalidad de la obra sin fisuras (o no lo hacen sin especular en el mas absoluto vacío) y en ocasiones se contradicen unas otras. En alguna ocasión leí de un estudioso de Dante que las lecturas que se habían hecho a partir del iluminismo de La Divina Comedia, andaban generalmente desencaminadas por ignorar el contexto profundamente católico en el que había sido escrita. No se me malentienda, me gustan las películas que necesitan un poco (o mucha, no hay problema) exégesis, pero no los compendios de disparates entronizados mediante hercúleas racionalizaciones de fanáticos de la confusión y el misticismo. Las buenas películas tienen un discurrir coherente, y si bien pueden ser crípticas a gusto y permitir múltiples lecturas (pero a la manera de capas de cebolla y no “un esto o lo otro”), deben “mostrar todas sus cartas” en algún momento.
- “Si el final es Yekspiriano…”: y no sólo el final, una buena película tiene sufrimiento, mucho dolor y sufrimiento. Si no se suceden escenas cada vez más depresivas, el film es para las masas, está destinado al vulgo, y no merece la consideración de LA ACADEMIA. Bastan dos ejemplos de películas muy infladas hace unos años: Million Dollar Baby y Crash. Si bien son muy buenas películas, están bastante sobrevaloradas, y no puedo evitar la sensación de que es por lo repletas de “emociones humanas” (léase tormento interminable) que se muestran.
- “El ocaso de los ídolos”: o como criticar cine con el martillo. Se trata de “la nueva película del director X no es ni de lejos tan buena como la clásica Y, y de hecho es bastante pedorra”. Estoy pensando en el pobre de Shyalaman. La Dama en el Agua fue una película muy peculiar (a mi me fascinó) y no me sorprendió ver que fuera tan incomprendida, la crítica la vapuleo sin misericordia. Pero el colmo fue “The Happening”, la que con sus errores (sobre todo de casting) y todo, era una buena película, pero me dio la impresión que esta vez nadie hizo el más mínimo esfuerzo por comprenderla, y que la visita al cine fue un mero trámite para sacarle el cuero. Pero claro, nos encanta echar en cara a la gente sus errores, más bien es un deber, entonces si alguien no los tiene, ¡hay que inventarlos! No estoy proponiendo la perfección (ni martirio) de Shyalaman, sólo lo utilizo como ejemplo de cómo se busca crucificar a un director que “ya no es lo que era”.
Sin ser una lista exhaustiva, me parece que abarca las principales falacias que he percibido. Vale aclarar que el espectador ocasional promedio también tiene sus falacias, pero estas son mas burdas: “La película está buenísima porque tiene mucha violencia/sangre/explosiones/chicas semidesnudas con autos supertuneados que van a 30.000 km. por hora” o bien “Es un embole porque hablan mucho/no se entiende/no está Ben Stiller haciendo muecas para indicarnos que tenemos que reirnos”.
En fin, como decía mi tía abuela: “¿Che le va chaché?”