Hace alrededor de dos años, como por estas fechas tuve la suerte de ver una cinta magistral que me sorprendió. Sorprenderme a este punto no es fácil, porque uno suele creer que las ha visto todas: el típico drama social, la comedia escatológica de siempre, el slasher clásico y la de acción que no cambia desde Chuck Norris y sólo espera que esté bien hecha. Brick ES distinta.
Si El Halcón Maltés es el pasado, y Blade Runner es el futuro, Brick es el presente. Y el saber popular dice que no hay tiempo como el presente. Puro noir (cine negro, para los legos), como nunca se había hecho, como nunca se hará.
La peli lo tiene todo. Un detective sagaz, afilado (de puños y cabeza), con un pasado escabroso, que debe recorrer los barrios más bajos y las mansiones de la alta sociedad para resolver el misterio, y que está más muerto que vivo porque aquello que más amaba se ha ido. Es demasiado terco para que la parca se lo lleve, al menos hasta que consiga vengarse. Tiene un compañero dedicado a la logística y que realiza el trabajo que él no puede. Las mujeres por supuesto, están presentes, ellas serpentean como las féminas fatales que son, enigmáticas y traicioneras, flores y puñales. El matón, brutal e irascible, todo un desafío físico para el protagonista. El capo mafioso, viejo para sus estándares (y que en un fabuloso guiño, en el momento reflexivo que este tipo de personajes suele citar a Dostoievski, él recuerda a Tolkien!!). El jefe de policía (representado aquí como un director de escuela) que supone un peligro a menos que el héroe pueda convencerlo de que están del mismo lado. Pero no termina ahí, hay asesinatos, robos, traiciones, tráfico de drogas, guerra de bandas, tiroteos, peleas callejeras… ¡¡¡Oh Dios mío!!!
La dirección es absolutamente exquisita, tiene la artesanía y mimo de Shyalaman (la tercera vez que la vi descubrí que la campera del protagonista representaba la clásica gabardina del detective), la fotografía de Van Sant y la complejidad y riqueza argumental de Nolan. Homero lo intentó, Shakespeare quiso. Pero recién ahora se pudo conseguir una historia tan grande que apenas puede ser imaginada, tan pequeña que se consigue sin efectos especiales. Con perdón de Ciudadano Kane y El Padrino, Brick es la culminación absoluta de más de cien años de séptimo arte.
Si El Halcón Maltés es el pasado, y Blade Runner es el futuro, Brick es el presente. Y el saber popular dice que no hay tiempo como el presente. Puro noir (cine negro, para los legos), como nunca se había hecho, como nunca se hará.
La peli lo tiene todo. Un detective sagaz, afilado (de puños y cabeza), con un pasado escabroso, que debe recorrer los barrios más bajos y las mansiones de la alta sociedad para resolver el misterio, y que está más muerto que vivo porque aquello que más amaba se ha ido. Es demasiado terco para que la parca se lo lleve, al menos hasta que consiga vengarse. Tiene un compañero dedicado a la logística y que realiza el trabajo que él no puede. Las mujeres por supuesto, están presentes, ellas serpentean como las féminas fatales que son, enigmáticas y traicioneras, flores y puñales. El matón, brutal e irascible, todo un desafío físico para el protagonista. El capo mafioso, viejo para sus estándares (y que en un fabuloso guiño, en el momento reflexivo que este tipo de personajes suele citar a Dostoievski, él recuerda a Tolkien!!). El jefe de policía (representado aquí como un director de escuela) que supone un peligro a menos que el héroe pueda convencerlo de que están del mismo lado. Pero no termina ahí, hay asesinatos, robos, traiciones, tráfico de drogas, guerra de bandas, tiroteos, peleas callejeras… ¡¡¡Oh Dios mío!!!
La dirección es absolutamente exquisita, tiene la artesanía y mimo de Shyalaman (la tercera vez que la vi descubrí que la campera del protagonista representaba la clásica gabardina del detective), la fotografía de Van Sant y la complejidad y riqueza argumental de Nolan. Homero lo intentó, Shakespeare quiso. Pero recién ahora se pudo conseguir una historia tan grande que apenas puede ser imaginada, tan pequeña que se consigue sin efectos especiales. Con perdón de Ciudadano Kane y El Padrino, Brick es la culminación absoluta de más de cien años de séptimo arte.
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